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Tema del Mes

Resoluciones para el Año Nuevo

En cada mes de diciembre nos proponemos metas y objetivos para el año que está por comenzar. Lamentablemente, a medida que van pasando las semanas, nos damos cuenta de que no hemos alcanzado casi ninguno de esos

objetivos. Para evitarlo es importante conocer cuáles son los “ingredientes” que hacen la diferencia entre las metas que se evaporan y los objetivos que sí se convierten en realidad.
 

¿Cuáles son los ingredientes necesarios para lograr que las buenas intenciones y las metas que nos proponemos no se desvanezcan antes de convertirse en realidad?

Se acercaba la Navidad. María miró por la ventana las casas de su vecindario, alumbradas por brillantes luces multicolores. Amaba esa época del año, porque las calles se veían más alegres y el arbolito de Navidad estaba decorado en todo su esplendor. Disfrutaba inmensamente colocar en sus ramas cada uno de los adornos, y anticipar con excitación la tradicional cena familiar, ya que siempre le daba la oportunidad de reunirse con parientes que hacía mucho que no veía, y deleitarse a su lado con los exquisitos manjares que cada uno llevaba para contribuir al banquete. Sin embargo, este año algo la tenía intranquila: hubiera querido que sus parientes y amigos la encontraran distinta en la celebración, luciendo una figura más esbelta. Aunque ya era tarde, decidió que su propósito de Año Nuevo consistiría en bajar 30 libras de peso.

Arturo estaba sentado tras el volante, esperando que la luz del semáforo cambiara para continuar su camino. Mientras tanto, pensaba que pronto tendría que visitar al mecánico pues su auto, que le había servido durante nueve años, estaba haciendo ruidos extraños. Al girar la cabeza, Arturo no pudo dejar de admirar el elegante automóvil híbrido que se detuvo a su lado. ¡Cuánto le gustaría estar manejando un vehículo como aquél! Allí, en ese preciso instante, se planteó su objetivo para el nuevo año: ahorrar lo suficiente para cambiar su auto.

Leticia estaba sentada ante una mesa cubierta por humeantes tazas de café. Mientras conversaba con sus amigas y fumaba su décimo cigarrillo del día, pensó que se sentía muy satisfecha con el curso de su vida. En aquel momento, Anita la distrajo de sus pensamientos para pedirle que apagara el cigarrillo, y luego dio la gran noticia: ¡estaba embarazada! Leticia se alegró mucho por su amiga, y en su mente comenzó a jugar con la idea de tener un hijo. Tenía la edad adecuada para hacerlo, un matrimonio estable y todas las condiciones necesarias para recibir a un bebé, excepto su adicción al tabaco. Leticia estaba consciente de que no podía continuar fumando si deseaba quedar embarazada, ya que ello podía dañar al bebé. Por eso decidió que tan pronto como empezara el Año Nuevo, dejaría de fumar.

En la escuela la maestra le preguntó a Tomás cuáles eran sus objetivos para el Año Nuevo, a lo que el niño–que cursaba el cuarto grado– respondió: “Crecer en actitud y en altitud”.

Pronto transcurrieron otros doce meses, y antes de lo que todos imaginaban, estaba por llegar una nueva Navidad. El único que había logrado cumplir sus objetivos era el pequeño Tomás. En efecto, ahora estaba más alto, era un poco más maduro, y ya sabía que la expresión correcta es “crecer en altura”, no en “altitud”.

En cuanto a los demás, María no sólo no bajó de peso, sino que aumentó unas cuantas libras más; Arturo seguía manejando el mismo auto porque había sido incapaz de ahorrar, y Leticia continuaba fumando. ¿Qué había sucedido? ¿A qué se debe que muy pocas personas logren cumplir sus propósitos, aun cuando saben que hacerlo redundará en su propio beneficio?

Parte del problema está en el planteamiento mismo del objetivo. Arturo, por ejemplo, se propuso ahorrar dinero, pero no estipuló cuánto le haría falta para comprar el auto de sus sueños, ni planeó qué cantidad guardaría cada mes o cuál sería su estrategia para logarlo. En consecuencia, no pudo cumplir su propósito porque le faltaba un objetivo concreto y un plan bien estructurado. Es muy difícil alcanzar una meta si no existe un camino trazado para lograrlo.

Algo similar le sucedió a María. Los objetivos deben dividirse en metas de corto plazo que puedan alcanzarse en un periodo razonable. No es posible que María coma en exceso durante el año entero y pretenda perder todo el sobrepeso en una semana. Lo que ella necesita es fijarse pequeñas metas (por ejemplo, perder una o dos libras por semana), y para lograrlo necesitará hacer cambios específicos en su vida. Por otro lado, debe preguntarse si su intención de bajar 30 libras es realista, o si dado su estilo de vida sería más real proponerse reducir sólo 15 libras. En resumen, no planteó qué pasos debía seguir para lograr su objetivo.

También Leticia debe plantearse si realmente desea dejar de fumar, si tiene la motivación suficiente para hacerlo, o si su objetivo fue tan sólo producto de una emoción pasajera.

A partir de estas ideas, hagamos que nuestros propósitos de Año Nuevo esta vez sí se conviertan en realidad. Y, como una ayuda adicional, tengamos en cuenta la siguiente receta:

Recetas para la Vida

El tango de cada año

Ingredientes:
5 onzas de Deseo
1 taza de Objetivos claros
1 litro de Realismo
2 sobrecitos de Plan de acción
1 cucharada grande de Evaluación constante
3 vainas de Compromiso
1 lata de Esfuerzo

Elaboración:
Mezcle todos los ingredientes anteriores hasta lograr un propósito alcanzable, y condimente con tenacidad, disciplina, paciencia y flexibilidad.

¡Feliz año!

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Fuentes:
  1. Recetas para la Vida, en www.recetasparalavida.org

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