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Salud y Bienestar

La fe llega hasta donde el médico no puede

La fe es una fuerza inmensa que convierte en realidad lo que parece imposible. Es una motivación que contribuye a la cura de enfermos, y a veces puede lograr lo que la medicina ni siquiera puede explicar.


Es bien sabido que una buena alimentación, hacer ejercicio, dormir bien y tener buenos hábitos son factores que contribuyen enormemente a la salud. Pero lo que muchos olvidan o desconocen es el poder curativo de la fe.

Cuando el doctor Romero vio los resultados de su paciente, se tomó unos instantes, más de lo acostumbrado, para entrar a la habitación donde el señor Mendoza lo estaba esperando. Sin embargo, cuando lo vio no pudo evitar que la mala noticia se hiciera evidente en su mirada, que mostraba una mezcla de compasión y preocupación.

“No se preocupe doctor”, dijo el señor Mendoza con una actitud casi paternalista, “yo voy a estar bien, me voy a curar”.

El médico no estaba tan seguro de ello, y sonrió débilmente. De hecho, creía que los meses de vida de su paciente estaban contados, pero guardó silencio y sólo le dio al señor Mendoza una recomendación para que consultara a un especialista y a un cirujano de buena reputación. Al despedirse, el médico tomó entre sus manos la de su paciente –algo bastante inusual en su comportamiento–y la apretó con calidez. El señor Mendoza le regaló una amplia sonrisa y salió de la habitación.

Ésa fue la última vez que el doctor Romero vio a su paciente. De vez en cuando y en forma breve recordaba el rostro afable y la actitud cordial de aquel buen hombre, y sacudía la cabeza con resignación.

Cinco años habían pasado desde aquel momento cuando cierto día, al entrar a un restaurante, el doctor Romero creyó tener una visión. ¡Cómodamente sentado en una de las mesas se hallaba nada menos que el señor Mendoza! El médico no podía dar crédito a sus ojos, y las palabras se le quedaron atascadas en la garganta. Después de unos segundos y ya recuperado el aliento, el doctor se dirigió a la mesa de quien había sido su paciente. Al verlo, el señor Mendoza se regocijó e inmediatamente lo invitó a que se sentara junto a él.

El médico aún no salía de su asombro, pero se las arregló para expresar a su ex paciente la sorpresa y enorme satisfacción que sentía al verlo allí, tan rebosante de vida. Entonces el señor Mendoza respondió:

“Su problema, doctor, es que usted no tiene fe”. Y después de una pausa agregó: “Claro que no me quedé con los brazos cruzados cuando usted me dio aquel temible diagnóstico. Hice todo lo que me aconsejaron los médicos, y aún más, pero creo que fueron la fe y las ganas de vivir las que me salvaron la vida”.

El doctor Romero se sintió conmovido. Después de brindar con el señor Mendoza por su salud recuperada, se despidió deseándole lo mejor. Más tarde, en la intimidad de su casa, se dio un tiempo para pensar en la “fe”. Era cierto: hacía muchos años ya que había olvidado el significado de aquella palabra, pero el encuentro con su antiguo paciente le mostraba ahora su valor en el más amplio sentido: la “fe” era eso que había hecho posible lo imposible, una fuerza capaz de mover montañas, el motor de un milagro que él mismo había atestiguado.

Pasaron varias semanas y el doctor Romero estaba examinando a un paciente. Se trataba de uno de aquellos que siempre tienen un motivo para quejarse. Esta vez se lamentaba por el desgaste de su cuerpo, y por la mala suerte que –según él– lo perseguía de manera constante. Al terminar de examinarlo, el doctor lo acompañó a la puerta, le extendió su mano y le dijo: “Señor Golla… tenga un poco de fe”.

Encontrando la fe

Ingredientes:
2 trocitos de Aprecio
1 cucharada de Reflexión
1 lata de Confianza
1 pizca de Gratitud
1 chorro de Práctica
1 mano llena de Fe
Conocimiento, Pasión y Amor como condimentos

Preparación:
La Fe es un ingrediente que casi todo cocinero posee, aunque no recuerde en dónde está, a veces incluso escondida dentro de sí mismo. La Fe ayuda y fortalece las recetas de la vida del alma. Si logramos descubrirla e incluirla en todos los platillos, la cocina logra adquirir un sabor especial, místico y delicioso. El cocinero que logra encontrar la Fe dentro de su corazón, vive más tranquilo, seguro; tiene confianza y la transmite. La Fe tiene la cualidad de que cuanto más se practica y se ejercita, más se fortalece y se multiplica. Es un ingrediente delicado, y muchos cocineros lo descubren en momentos de crisis. Asimismo, es un condimento ardiente, que puede contener mucha pasión. Mal utilizada puede llevar a cometer injusticias; sin embargo, bien empleada puede llegar a mover montañas y a producir platillos milagrosos. La Fe es universal; no dogmatiza cuando es pura y verdadera… Sólo encamina.

Fuentes:
  1. “Encontrando la fe”, en Recetas para la Vida, www.recetasparalavida.org

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